Vivir.

Cuando somos niños creemos que nuestros padres son capaces de construir castillos y matar dragones solos con sus manos limpias. Creemos que nunca nos fallarán, que siempre nos protegerán de los monstruos que acechan debajo de la cama cuando todo está oscuro.
Pero cuando crecemos esto se derrumba, ladrillo por ladrillo, aceptamos que nuestros padres son humanos como nosotros. Que fueron niños que gritaban igual que nosotros al pensar ver esos monstruos en el armario.
También pensamos que la vida es linear, que terminaremos la primaria, luego la escuela secundaria e iremos a la universidad a estudiar cualquier carrera, nos casaremos, tendremos trabajo y moriremos con hijos alrededor de nuestra cama mirándonos.
Puro verso, pura poesía para calmar el alma que teme a lo desconocido.
Crecemos y nos damos cuentas de que todo lo que queremos en esta vida no viene por si solo, no es ley que todos tendremos esas cosas, en realidad hay que vivir la vida y luchar.
Yo puedo luchar, sé que puedo conseguir estudiar una carrera, tener un trabajo.
Pero tengo un puto defecto.
No se vivir.
Me importa lo que pienses de mi y no hago mi vida de la forma que quiero.
Demasiado.
No soy libre, estoy encerrada en una jaula que yo misma cree. Y me duele cada día. Me duele no poder amar a quien yo quiera sin preocuparme en el que dirán. Me duele no poder vestirme como quiero, teñirme el pelo del color que quiere, tatuar mi piel.
No puedo hacer nada.
Y cuando hago lo que quiero es una revolución.
¿Por qué no puedo hacer lo que quiera sin que opines al respecto?

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Narcisista.

En algún momento me volví narcisista.

No sé en qué momento.

Me enamore de mi reflejo.

Tanto que quiero besarme.

 

Pero ahora el espejo no devuelve la imagen.

Que tanto creía conocer.

Y quiero golpearme.

Hasta perder la consciencia.

 

No sé qué hacer.

Para mantener el espejo intacto.

Y no enloquecer.

 

No sé qué hacer.

Para mantener el espejo intacto.

Y poder amar mi reflejo.

 

No quiero besarme.

No quiero verme.

No quiero tocarme.

 

Necesito que me digas que soy linda.

Necesito que me beses.

Necesito que me veas.

Necesito que toques mi cuerpo.

 

Para saber que sigo siendo la misma chica.

Y se que me perdí en el narcisismo.

Sueños de una infancia.

Creo que fui un poco egoísta en el momento que sucedió, y creo que sigo siéndolo ahora. Al escribir estas palabras, en un vago intento de que vuelvas.

Pensé que escribir sobre ti me haría olvidarte, y funciono. Por un par de horas no te pensé, pero en mis sueños nos encontramos.

Siempre sueño lo mismo, pero esta vez fue distinto.

Normalmente en los sueños, cuando están sucediendo, si tu mente es lo suficientemente fuerte te das cuenta que no estas hablando realmente, no sientes tus labios moverse. Y la otra persona parece estar hablando en un lenguaje extraño. Básicamente te das cuenta que estas soñando, y que lo que crees real…no existe.

En cambio, esta vez, al soñar, no me fui a otro lugar , seguía en mi cuarto. Y tu estabas ahí, parado frente a mi cama, con tus ojos mas oscuros de lo que recordaba, quizás debería haber sentido miedo, pero sabia que tu nunca me harías daño.

Estiraste tu mano, y yo la tome.

—¿Marcos…?—Cada letra que pronunciaba me hacia sentir adrenalina, no estaba durmiendo, no estaba durmiendo.

Pero antes de que pudiera terminar de balbucear tu nombre, éramos niños de nuevo. Estábamos de nuevo en el campo alrededor de la casa del abuelo en las Termas.

Tú siempre caminando delante de mí, mis piernas no podían caminar a tu ritmo.

—¡Espera! ¡Tengo cosas que preguntarte! — Grité, pero tú empezaste a correr esta vez, internándote en los arbustos.

El abuelo siempre nos decía que no nos internáramos allí, que podríamos perdernos. Pero tú nunca sentiste miedo y yo solo te seguí.

Pero cuando empecé a correr ramas lastimaban mi piel, entorpeciendo mi paso. Cuando te encontré estabas parado frente a un rio.

Me sonreíste, con ese brillo en tus ojos demasiado oscuros a comparación de lo que recordaba.

—¿A que le tenes miedo?—Pregunto él.

—A no verte nunca más —Murmuré, sin poder creer que las palabras escapaban mi boca.

Estrechaste mi mano con fuerza.

Y se sintió tan real, el tacto de tu piel contra la mía, el calor de la misma. Tan distinta al frio que había sentido al tocar tu cuerpo sin vida, que sentí algo recorrer mi cuerpo, no era miedo, si no sorpresa.

Y entonces, en un pestañeo.

Desperté.

Otra vez en mi habitación, tratando de recuperar mi respiración me di cuenta que me había dormido escribiendo en mi cuaderno.

Y me pregunte en qué momento la realidad y la fantasía se cruzaron frente a mis ojos.

Libertad en sueños.

Había un arma en su mano, Alaya nunca había sostenido un arma, era algo pesada, y caliente, como si acabara de disparar. Entonces dejo de mirar su arma y vio hacia adelante.

Había un hombre, él estaba apuntándole con la misma arma.

“¿Debería disparar?” Pensó. Y con una sonrisa levanto el arma en su mano y disparo.

Él también disparo.

Pero cuando Alaya cayó al suelo, cayó en un campo de flores.

Abrió los ojos esperando sentir dolor en su pecho, pero no sentía nada. Las flores acariciaban sus manos, y entonces se dio cuenta que en su mano izquierda no había un arma, ahora había un cuchillo.

Se sentó en el campo de flores, había apuñalado un par de flores con el cuchillo.

“Es bastante filoso” pensó ella, mirando los pétalos ahora en la tierra.

Otra vez despego sus ojos del suelo para mirar hacia adelante. Había una señora delante suyo, ella tenia un cuchillo idéntico al de Alaya.

La mujer se acercaba a pasos acelerados, con una sonrisa macabra en su rostro. Sangre escapando de sus manos.

“¿Debería defenderme?” Se pregunto.

Y antes de que la mujer pudiera dominarla, ella se lanzo sobre la otra, tirándola contra las flores, y clavó el cuchillo directo en el corazón.

Pero cuando hizo el movimiento el suelo debajo de sus piernas se desvaneció, y cayó en un lago.

Al no haber respirado antes de haber impactado contra el agua cuando salió de la misma tocio varias veces. Esta vez no había nada en sus manos, pero cuando vio hacia adelante noto que había un niño en la orilla. Tenia una escopeta la cual apuntaba hacia Alaya.

—¿Por qué me harías daño?— Pregunto la muchacha.

—Mataste a mis padres—Respondió el niño, Alaya noto que había lágrimas en sus ojos.

—Ellos querían lastimarme, solo me defendí.

—Yo no lo veo así.

—¿Por qué no hablamos? Es inútil que me mates, eso no los traerá de vuelta.

El niño la miro a los ojos, Alaya intento que su mirada fuera lo mas suave posible, y parecio funcionar, el niño bajo el arma. Alaya camino hacia él. Sintiendo como el agua volvía su ropa pesada y fría, cuando toco tierra sonrió.

El niño vio la sonrisa macabra de la joven e intento tomar la escopeta que había dejado en el pasto pero era demasiado tarde, Alaya fue más rápida, y apunto directo a la cabeza del niño, disparando sin dudar un segundo.

El sonido de la alarma despertó a la muchacha de su sueño, cuando abrió los ojos estaba en su habitación, mejor dicho, su celda. Siempre tenía el mismo sueño. Siempre se encontraba con el hijo de la pareja que había asesinado aquel noviembre de 1980.

Y siempre lograba convencerlo de que le diera el arma con su mirada dulce.

Con una sonrisa se levantó de la cama y camino hasta los barrotes de su celda, apoyando su frente contra ellos. Alaya se había creído su propia mentira, que había sido defensa propia.

Aun podía escuchar los gritos de súplica, si cerraba sus ojos tan solo un instante, podía escucharlos…

Reír llorando.

Un golpe.

Y yo lloro.

Un golpe.

Y yo rio.

 

¿De qué te reis?

Me preguntan.

Mientras yo siento la supuesta locura inundarme.

¿De qué te reis?

Y yo rio más fuerte.

 

¿Qué tiene de malo reír?

Para evitar que otro momento de mierda quede grabado en mi mente.

Para evitar mostrarme más débil de lo que soy.

 

Un golpe.

Y yo lloro.

Un golpe.

Y yo rio.

 

Quizás es mi personalidad desbordante.

Quizás es la locura hirviendo en mi cerebro.

Quizás una pastilla me cure.

Y llore sin reír.

Corazón enterrado.

Ojalá no haber confiado en vos.

Sueño con universos paralelos.

Donde todo sale bien.

Donde estamos juntos.

 

Ojalá no haberte confiado mi corazón.

Porque lo arrancaste de mi pecho y lo enterraste.

Ahora no late.

Ahora no sangra.

 

Así que ahora estoy en duelo.

Mi corazón enterrado.

Ya puse flores al lado de la lápida.

Ahora no siento nada.

 

Excepto cuando te veo.

Entonces siento todo.

Siento la atracción.

Siento nostalgia.

De lo que no fue.

 

Pero entonces te vas.

Igual que como caminaste hacia mí.

Y solo queda en silencio.

 

Tengo ganas de abrir Tinder.

Solo para dejar entrar a alguien.

Y ver si puedo sentir algo.

Aunque sea dolor.

 

Pero yo no soy así.

Mi corazón está muerto.

Pero sé que volverá a latir.

Incluso con la tierra ahogándolo.

Ella se llama segunda opción.

Había una vez una chica, llamada segunda opción, su nombre flotaba arriba de su cuerpo como un cartel. Siempre presente, cualquier muchacho que conocía y le gustaba, amaba a otra. A una chica más linda, más delgada, más carismática que segunda opción.

“Espera a que termine con ella.” Le decían los muchachos, y segunda opción esperaba.

Meses que parecían eternidades, segundos que parecían horas. Hasta que se enamoraba de otro muchacho, pero siempre era lo mismo.

“Conocí a primera opción antes que a ti.”

Años que parecían milenios, minutos que parecían horas. Hasta que un día se aburrió.

Decidido que su virginidad que a muchos chicos  molestaba no era una molestia, que el que la quisiera de verdad no se preocuparía de eso. Decidió que ser llamada segunda opción no era justo, así que se dejó de enamorar, y el nombre arriba de su cabeza desapareció.

Encerró su corazón un baúl, bajo llave, bajo cadenas, y lo dejo caer al fondo del mar. Sola, se acostumbro al silencio, y se dejó llevar por él.

A bosques donde el viento era su amante, y las flores su inspiración para dibujar. Dio vuelta el juego, cada vez que un chico se acercaba lo llamaba amigo, cada vez que alguien quería besarla ella ponía la mejilla.

Y cuando de antes volvían a verla, ahora solteros, ella decía “Ahora mi corazón esta escondido, anda a buscarlo.”